Nuestro cuerpo consiste en un sinnúmero de átomos dando vueltas, cada uno bailando a su propio compás. Cuando estos átomos se exciten mediante un imán verdaderamente fuerte, como una máquina RMN, todos se alinean en atención. Cuando una onda de radio luego les golpea, se tumban y se van en todas direcciones. En el proceso de alinearse otra vez, cada átomo emite señales muy distintas. Estas variadas señales indican donde vive cada átomo, por ejemplo el riñón o el hígado, puesto que cada uno posee intensidad de señal característica y única. Las señales son captadas por detectores y procesadas por computadora. El proceso entero se llama resonancia magnética nuclear o RMN., y es excelente para mirar todas las partes suaves y flexibles del cuerpo como los órganos y los tejidos que los rayos-x no pueden ver.